Pedro Gonzáles vivía en una casa sencilla y cómoda en el campo de Guatemala.Sus padres murieron cuando tenía 17 años y Pedro heredó la casa, unos acres de tierra, y una fortunita. No podría vivir como un rey, pero había bastante dinero pare que no tuviera que trabajar. Además, a causa de su nombre de familia, se consideraba un ciudadano respetable en el pueblo.
Esta situación funcionaba bien para Pedro. Era un hombre indolente y sencillo. No necesitaba mucho. Vivía con su tía, quien cuidaba para la casa y su bienestar. Después de varios años, su sobrina entró en la casa también.
Pedro seguía un estilo de vida de ocio. Tenía dos ocupaciones principales: iba a pasear por el campo, y leía. Pedro leía únicamente un tipo de libro. De hecho, era adicto a las biografías de los grandes líderes radicales y revolucionarios. Leía sin cesa de los hombres que luchaban contra la injusticia, los hombres que luchaban para ayudar los pobres, los hombres nobles, orgullosos, y bravos. Tenía todos los libros escritos sobre Ché Guevara, César Chávez, Emiliano Zapata, etc. Gastaba la mayoría de su dinero añadiendo libros a su biblioteca. Pedía libros de España, de México, y a veces, de los Estados Unidos. Tres veces por año, iba al capital para comprar más biografías.
La tía y la sobrina de Pedro se preocupaban mucho de esta adicción, y también, de su salud. Cada año dedicaba, más dinero, más tiempo, y más esfuerza a leyendo y a coleccionando las biografías, y pensaba menos de la situación de sus parientes.
Entones, un día, ellas se despertaron y descubrieron que Pedro se fue de la casa. En final, había hecho lo que siempre amenazaba a hacer: abandonó sus posesiones para viajar por las tierras ayudando los campesinos y los trabajadores. Iba a transformarse a líder revolucionario.